Desiciones

Hay cosas simples en la vida que no apreciamos, y que estamos acostumbradas a tenerlas, olvidado el verdadero valor que tienen para la vida. Es cierto que de muchas forma nuestro cuerpo es una de los más grandes tesoros que tenemos, y probablemente el que menos sabemos cuidar (lamentablemente, nos matamos lentamente a diario), y entre las casualidades de la vida, me tocó cruzarme con un alma enferma, aquejada por su dolor y su sufrimiento. 

Para aquellos que no lo saben, la diabetes es una enfermedad que daña la microvasculatura, en palabras simples y crudas, te pudre por partes. No puedo negar que es difícil apegarse a un tratamiento diario, a la condena de tomar la bendita pastillita todos los días, pero aunque no parezca, esto nos salva la vida.

La historia comienza así, una persona llega al servicio de emergencia quejándose de un intenso dolor abdominal, que para ojo de buen médico, no era nada importante comparado con su pie (como mencioné antes, la diabetes daña los pequeños vasos y por ende el oxigeno no llega a estos lugares haciendo que mueran), los doctores y sobre todo nosotros los pequeños alumnos externos del hospital, hicimos ruegos y milagros para que se pudiera operar ese pie el mismo día, ya la de lo contrarío perdería el pie.

Pero la vida no suele ser tan simple, y nuestro sociedad esta construida para hacer pisotear a quienes están sufriendo. Como persona aprendí ese día que una simple receta es más que un papel con cosas que se necesitan y un sello autorizado, es dinero, y en ocasiones el dinero que las personas no tienen. Por dicha ironía no pudo operarse pese a todos los milagros que habíamos logrado para que se realice la cirugía.

Pasaron un par de días, cosa que era realmente malo para su pie, y su vida. Dos día en los que intenté explicar durante horas a cada uno de los familiares que era necesario amputar el pie del paciente para poder salvar su vida, ya que si se dejaban más de estas partes afectadas las "partes muertas" e infectadas iban a seguir avanzando. Dediqué horas de horas, hablando con cada uno de los familiares, con la misma paciente. Sin embargo no aceptó que se realice la amputación.

Entiendo que perder un pie no es cosa fácil, y tampoco como decía un gran doctor "¿Qué se hace con la basura?, se bota, ese pie no sirve así que se bota". Es difícil tomar decisiones y aunque yo también sea un católico algo no tan fiel a la religión, entiendo que la fe es lo único que puede ayudar en estos momentos de desesperación. Lamentablemente el paciente fallecerá dentro de algún tiempo por la decisión que tomó, pero como cada quién, todos tenemos el libre albedrío de elegir nuestro camino, sea el mejor o no. 

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